¿Puede la Psilocibina generar experiencias místicas?

La respuesta a la pregunta que pone título a esta entrada podría parecer demasiado obvia.

Muchas de las sustancias que ahora conocemos como drogas han sido utilizadas de forma sacramental por diferentes culturas de todos los rincones del mundo; desde el ololiuqui utilizado por diferentes pueblos prehispánicos de la zona de Oaxaca, la ayahuasca de las tribus amazónicas, hasta la posible utilización de los alcaloides del ergot en los Misterios Eleusinos de la Grecia clásica (para más información sobre el aspecto etnobotánico de estas y otras plantas, recomiendo los libros “Las Plantas de los Dioses” de Albert Hofmann y R. E. Schultes o el “Pharmacotheon” de Jonathan Ott).

 

El dios del Inframundo de la cultura azteca visita a un consumidor de hongos Psilocybe (siglo XVI)

Imagen representando al dios del Inframundo de la cultura azteca visitando a un consumidor de hongos Psilocybe (siglo XVI)

 

De hecho, estas sustancias recibieron el apelativo de “enteógenos” (neologismo acuñado en 1979 por los investigadores etnobotánicos R. Gordon Wasson, Carl A. P. Ruck y Jonathan Ott) para describir su potencial de “liberar al dios que tenemos dentro”.

Pero aunque pueda parecer muy obvia la relación entre enteógenos y experiencias místicas, se suele asumir que los estados alterados de conciencia que se dan a través de métodos no farmacológicos (como el ayuno, la meditación, la privación prolongada de sueño o la ausencia/exceso de estímulos) pertenecen a una categoría “superior” a la que corresponderían las experiencias de estados alterados de conciencia de origen farmacológicas o lo que el filósofo francés Michel Hulin denominó la “mística salvaje”.

 

Cualquier intento de acercar enteógenos y religión, especialmente religión cristiana, ha sido rechazado por parte de las instituciones tanto religiosas como académicas casi como si tratase de herejía.

La temeridad de John Allegro al proponer, en base a sus interpretaciones de los Manuscritos del Mar Muerto y en pinturas encontradas en algunas iglesias dispersas por Europa, la teoría de que la figura del Jesucristo bíblico no se correspondería con un personaje histórico sino que oculta el uso sacramental del hongo Amanita Muscaria en los rituales del cristianismo primitivo no sólo le valió el desprecio de sus semejantes en la academia sino que supuso el fin de su carrera como historiador.

 

Mural del siglo XIII representando a Adán y Eva junto al Árbol del Conocimiento con forma de hongo (Indre, Francia)

Mural del siglo XIII representando a Adán y Eva junto al Árbol del Conocimiento con forma de hongo (Indre, Francia)

 

El problema que surge de forma inmediata al considerar asuntos como las experiencias místicas y la religiosidad es la inefabilidad de los mismos y por tanto, la dificultad que supone medir y comparar experiencias tan subjetivas.

Uno de los intentos más conocidos para evaluar y cotejar la intensidad entre experiencias místicas de caracter farmacológico y no farmacológico fue el llamado “Experimento de Viernes Santo”, llevado a cabo por Walter Pahnke bajo la supervisión del controvertido Timothy Leary.

La participación de éste último podría llevarnos a dudar de la validez de los resultados obtenidos tras las sospechas de que algunos de sus resultados pudieron haber sido manipulados o exagerados para promover su carrera y la investigación con enteógenos, llevándolo incluso a afirmar supuestas propiedades curativas de la LSD que, a día de hoy, nos resultan claramente ficticias.

El hecho es que la LSD es una cura específica para la homosexualidad. […] En consecuencia, no es sorprendente que hayamos tenido muchos casos de homosexuales a largo plazo que, bajo los efectos de la LSD, descubren que no sólo son genitalmente pero genéticamente masculinos, que están básicamente atraídos por las hembras. El más famoso y público de estos casos es el de Allen Ginsberg, quien ha declarado abiertamente que la primera vez que se sintió atraído hacia las mujeres fue durante una sesión de LSD hace varios años.

Timothy Leary en una entrevista para la revista PlayBoy, 1960

La inclusión de la LSD y la psilocibina en la lista I (sustancias de consumo ilegal y sin interés científico) de la Ley de Sustancias Controladas de 1970 determinó el fin de la investigación sobre los beneficios (y los peligros) a corto y largo plazo de estas sustancias.

Afortunadamente, desde principios del nuevo siglo, un reducido número de grupos de investigación han conseguido el permiso de las autoridades para reactivar los estudios en psicoterapia psicodélica. Estos grupos de investigación, promocionadas por organizaciones sin ánimo de lucro como la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psiquedélicos (MAPS) y el Instituto de Investigación Heffer, ya han realizado estudios con resultados realmente prometedores sobre la utilidad de la LSD y la psilocibina como agentes paliativos de la ansiedad en pacientes terminales o el tratamiento de adicciones con ibogaina, ketamina o ayahuasca.

 

Llama la atención, de entre todos los estudios que se han llevado a cabo, la investigación dirigida por el profesor Rolan Griffiths de la Universidad John Hopkins, por su propuesta (tan similar a la de 1962 del Dr. Pahnke) de centrarse en las implicaciones espirituales del consumo de altas dósis psilocibina, aún siendo éste un tema tan alejado de los estándares académicos.

En esta investigación, treinta individuos sanos con un historial previo libre de enfermedades mentales y experiencias psicodélicas y que reportaron una participación frecuente en actividades de tipo religioso fueron seleccionados. quince voluntarios recibieron psilocibina (30mg) durante la primera sesión y los otros quince recibieron el placebo, hidrocloruro de metilfenidato (40mg) o Ritalin, como se conoce por su nombre comercial , en sesiones de ocho horas mientras se les animaba a cerrar los ojos y centrarse en sus sensaciones interiores. Finalmente, en una segunda sesión posterior, cada participante recibió el fármaco alternativo.

Tras cada sesión y de forma posterior (catorce meses después), cada participante tuvo que rellenar una serie de cuestionarios para evaluar los efectos alucinógenos (en base a niveles de intensidad, soma-estética, afecto, percepción, cognición y volición), percepciones subjetivas del estado alterado de consciencia (usando un test APZ), efectos similares a otras drogas e intensidad de la experiencia mística (usando el llamado “Cuestionario Pahnke-Richards de Experiencias Místicas”).

 

Los participantes que tomaron psilocibina puntuaron más alto en los cuestionarios de efectos alucinógenos y en la escala APZ que los que tomaron metilfenidato. Sin embargo, los participantes que consumieron psilocibina puntuaron más alto en todos los efectos similares a otras drogas incluyendo los efectos estimulantes anfetamínicos (pese a que el placebo era un derivado de la misma) mientras que la puntuación de auto-control fue menor que para el grupo control que tomó Ritalin.

22 de los participantes que tomaron psilocibina declararon haber experimentado una experiencia mística completa, mientras que sólo cuatro afirmaron lo mismo con el placebo. De igual forma, los participantes que recibieron la dosis de psilocibina puntuaron más alto en cambios positivos en su vida tras dos y catorce meses de haber participado en el experimento en comparación con los que tomaron la sustancia control. 67% de los individuos del grupo de estudio calificaron la vivencia como la experiencia más significativa de sus vidas o al menos como una entre las cinco experiencias más relevantes de sus vidas y el 38% de los participantes del grupo de estudio llegó a clasificarla como la experiencia mística más significativa o al menos, una de las cinco más significativas de sus vidas . Sólo el 8% de los participantes del grupo de control valoraron la experiencia como entre las cinco más significativas de sus vidas (nunca la más significativa).

 

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Las conclusiones del estudio coinciden con las obtenidas por Pahnke y Leary, las experiencias místicas de origen farmacológico son percibidas por individuos familiarizados con la meditación o la práctica religiosa con la misma intensidad que las de origen no famacológico. Conclusiones parecidas se desprenden de las investigaciones de los grupos de investigación de los profesores Robin Carhart-Harris y Judson Brewer, cuyos resultados comparados demuestran que tanto la meditación como el consumo de psilocibina producen efectos similares en el cerebro.

Lo llamativo de los alucinógenos serotoninérgicos (LSD, mescalina, DMT, psilocibina…) es la similitud de su estructura química con la del neurotransmisor serotonina, con el cual comparten en común el llamado anillo indólico y que permite que todas estas sustancias ejerzan su principal efecto sobre los receptores serotoninérgicos.

 

Estas investigacions en busca de una relación entre el funcionamiento de los circuitos neuronales y las experiencias místicas han generado la aparición de una nueva disciplina, la Neuroteología, que para unos busca encontrar una explicación racional a las experiencias espirituales en el funcionamiento cerebral, mientras que para otros, en un desvarío oportunista, busca demostrar la predestinación humana hacia el misticismo y a la creencia en Dios.

Pero, al margen de que un puñado de gente quiera utilizar estos resultados para sus propios intereses en pos de fines religiosos, lo único que nos demuestran es que todos los seres humanos compartimos unos circuitos neuronales que, bajo ciertas condiciones, nos generan unos sentimientos de unidad con el universo y amor incondicional, sentimientos que siempre han sido asociados con el misticismo y la espiritualidad y que podrían haber sido la base de muchas de las religiones originarias que habrían dado lugar a la gran multiplicidad de cultos actuales.

Estatuas Aztecas representando Hongos Psilocybe

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Comentarios
4 Respuestas a “¿Puede la Psilocibina generar experiencias místicas?”
  1. Grayskull dice:

    Muy bueno el artículo.

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