Sobre ratas, perros y la adicción a las drogas

Autor de la imagen: Román Cortés

Autor de la imagen: Román Cortés

Salvador Dalí decía que todo el mundo debería comer hachís, pero sólo una vez.

Esta frase resume en muy pocas palabras el miedo de la sociedad hacia las drogas, un miedo que Antonio Escohotado expresó como “el miedo a nosotros mismos”, el miedo a no saber controlarnos, el miedo a caer víctimas de nuestra propia debilidad en una espiral descendente de placer sin límites.

Todos intuímos que el consumo frecuente de cualquier droga puede generar adicción, aunque no sepamos muy bien por qué. Es lo que siempre nos han contado y como muchas historias de nuestras madres, las hemos aprendido de la misma forma que ellas lo hicieron, a base de repetición, y con este mismo método propagamos la idea, perpetuando un dogma basado en la pura ignorancia.

Pero este método de razonamiento, aunque muy cómodo, no es muy inteligente por nuestra parte y nunca está de más conocer un poco más sobre el mundo que nos rodea, por lo que es importante matizar que consideramos adicción y cuales son las diferentes causas de la misma (o al menos las teorías que intentan explicarlas) .

Y ya que estamos, también me gustaría matizar el significado del concepto farmacológico de la palabra droga. Voy a valerme de la definición aceptada por la Organización Mundial de la Salud, según la cual una droga es:

Toda aquella sustancia que, una vez introducida en el organismo mediante cualquier ruta de administración, afecta al sistema nervioso central del individuo que la consume.

Estoy harto de oir cosas como, el futbol también es una droga, o ir de compras es una droga, porque al final va a resultar que todo es una droga y ya está, como si la definición de droga no fuera suficientemente vaga y confusa (abarcando sustancias tan distintas como estimulantes, depresores del sistema nervioso y alucinógenos).

 

Ahora, para considerar que existe dependencia de una sustancia deben de cumplirse una serie de características: debe de existir tolerancia hacia el fármaco (necesidad de consumir dosis cada vez mayores para alcanzar los efectos), síndrome de abstinencia (síntomas desagradables que aparecen al cesar el consumo), falta de control sobre la sustancia (tomarla con mayor frecuencia o cantidad de lo que uno desea) o uso a pesar de conllevar problemas de salud relacionados con el consumo, tal como indicaba el Doctor Fernando Caudevilla en la sección de Psicoactivos de la Revista Diagonal que él mismo escribe.

Estas características pueden tener un origen fisiológico/farmacológico, es decir, pueden deberse a las interacciones del fármaco con ciertas partes del cuerpo (el sistema nervioso central en la mayoría de los casos), pueden tener un origen psicológico o puede existir una combinación de ambos componentes.

La adicción fisiológica parece tener su origen, en parte, en la segregación de dopamina y sus efectos sobre ciertas zonas del cerebro, como el nucleo accumbens. El otro posible componente, la adicción psicológica, aún presenta dudas sobre cual podría ser sus causas, pero ciertas teorías proponen que podría explicarse mediante la teoría del Condicionamiento Clásico.

 

 

¿Cómo funciona el Condicionamiento Pavloviano?

El Condicionamiento Clásico o Pavloviano es un tipo de aprendizaje basado en la asociación de estímulos con distintas respuestas. El estímulo condicionado o neutral es aquel que, aunque provoca cierta respuesta en el individuo, resulta neutral ante el estímulo que queremos condicionar.

Estímulo Condicionado → Respuesta Neutral

Mientras tanto, el estímulo incondicionado o natural es aquel que provoca, de forma natural, la respuesta que queremos condicionar

Estímulo Incondicionado  → Respuesta Incondicionada

Una vez que se presentan, de forma sistemática y durante un periodo de tiempo, ambos estímulos (condicionado e incondicionado) ante la respuesta incondicionada, el estímulo condicionado pasa a provocar tanto una respuesta neutral como una respuesta incondicionada.

Si se deja de presentar el estímulo el estímulo incondicionado junto con el estímulo condicionado, la respuesta condicional desaparecerá, fenómeno que se conoce como extinción.

 

Es más sencillo entender el sistema a través de un ejemplo, así que analicemos el más que conocido caso del perro de Pavlov.

 

Experimento de Pavlov

Experimento de Pavlov

 

Cuando a un perro se le presenta comida (estímulo incodicionado), éste comienza a producir saliva (respuesta incondicionada), pero si cada vez que le ponemos la comida delante hacemos sonar una campana (estímulo condicionado), el perro asociará la presencia de comida con el sonido de la campana y cada vez que oiga la campana, salivará, aún cuando no tenga comida delante.

 

La idea de la dependencia y la tolerancia como productos de un mecanismo de condicionamiento clásico fue propuesta por primera vez por el mismo Ivan Pavlov en 1927, pero no fue demostrada de forma empírica hasta finales de los 70 por el profesor Shepard Siegel, de la Universidad McMaster, en Hamilton (Canadá).

 

 

El experimento de Siegel

El estímulo presente a la hora de administrar un fármaco (ritual de consumo y/o ambiente, o lo que en el argot anglosajón se denomina “set and setting”) se correspondería, según la terminología de Pavlov, con el estímulo condicionado, mientras que el efecto producido por la droga sería el estímulo incondicionado.

Muchos fármacos generan una disrupción homeostática del cuerpo a nivel fisiológico (por ejemplo, el alcohol ejerce un efecto vasodilatador y reduce la temperatura corporal) y para contrarrestar esta disrupción y restaurar las funciones corporales a los niveles normales, el cuerpo genera una respuesta compensatoria (en el caso del alcohol, reducir la temperatura corporal). Esta respuesta compensatoria se corresponde en este caso, según los patrones pavlovianos, con la respuesta incondicionada.

En el experimento de Siegel (Crowell, Hinson y Siegel, 1981), se suministraron inyecciones de etanol a un grupo de ratas mientras se les presentaba un cierto estímulo, estas inyecciones fueron alternadas con inyecciones de suero salino y un estímulo diferente. La temperatura corporal de las ratas fue monitorizada en todo momento para comprobar si se daba la respuesta compensatoria a los efectos del alcohol.

Las inyecciones de etanol redujeron la temperatura corporal de las ratas en la primera prueba, pero este efecto se fue reduciendo en las sucesivas pruebas ante la misma cantidad de alcohol, es decir, las ratas desarrollaron tolerancia a la administración intravenosa de alcohol etílico.

Para determinar si existía una respuesta compensatoria (respuesta condicionada), se suministró suero salino por vía intravenosa ante los mismos estímulos a los que se había sometido a las ratas con el etanol mientras que el grupo de control recibía suero salino sin la presencia del estímulo. El resultado fue que las ratas expuestas al estímulo asociado al etanol sufrieron un aumento de la temperatura corporal mientras que el grupo control no sufrió ningún cambio en la temperatura corporal de forma significativa. Además, Siegel comprobó que la tolerancia adquirida disminuía si a las ratas del grupo de estudio se les suministraba etanol en un ambiente distinto al condicionado. Si las ratas recibían una dosis similar a la que estaban acostumbradas tras largos periodos de consumo, pero en un ambiente diferente, los efectos del etanol volvían a ser evidentes e incluso se daba el caso de sobredosis.

Ratas de SiegelSiegel encontró resultados similares para el caso de opiáceos, barbitúricos y benzodiacepinas (Siegel, 1983), lo que sugiere que este mecanismo es común a varias sustancias psicoactivas al margen de si producen o no un aumento en los niveles de dopamina en el cerebro.

Los resultados de este experimento pueden parecer baladíes, pero las implicaciones de este descubrimiento se extienden a varias aplicaciones del tratamiento y la comprensión de la drogodependencia, así como del desarrollo de tolerancia e incluso a las muertes por sobredosis.

Tanto la adicción como el síndrome de abstinencia podrían tener un componente psicológico derivado del condicionamiento del entorno en el momento del consumo, que reforzaría la adicción fisiológica en algunos casos o que explicaría la adicción que ciertas sustancias pueden generar a pesar de no ser consideradas como “farmacológicamente adictivas”.

Siegel incluso propone que la tolerancia podría deberse, en parte, al afianzamiento de la respuesta condicionada ante el estímulo condicionado, cuyos efectos son opuestos a los de la droga. Lo que supondría que al consumir dicha sustancia de forma repetida en un mismo ambiente y bajo las mismas circunstancias, la respuesta del cuerpo para neutralizar los efectos del fármaco iría en aumento, reduciendo, por tanto, la potencia de la droga.

En consecuencia, el sujeto mostrará tolerancia a la droga en el entorno habitual mientras que esta tolerancia no aparecerá si se cambian las condiciones del consumo.

Si esto fuera cierto para el caso de los seres humanos, la adicción psicológia y el síndrome de abstinencia derivado de la misma podrían ser eliminadas por extinción, es decir, si se presentara el estímulo condicionado sin la administración del fármaco de forma repetida, la asociación entre ambos se eliminaría y no aparecería la respuesta condicionada.

De igual forma, esta teoría podría dar una explicación a las muertes por sobredosis que han sido reportadas en condiciones en las cuales en el paciente consumió una dosis similar a la que le era habitual y aún así experimentó un efecto considerablemente mayor que le produjo la muerte, ya que la tolerancia provocada por el ambiente habría desaparecido. Aunque, ante la falta de evidencias, es difícil afirmar que esta contribución sea siquiera significativa sobre el total de muertes por sobredosis ya que el fenómeno es muy complejo y habría que considerar también los casos de sobredosis farmacológica o sinergismo y los debidos a reacciones adversas al mezclar substancias o por los propios adulterantes que el fármaco pueda contener.

Las implicaciones de este estudio se extienden a casos que van más allá de situaciones de extrema drogadicción. El café después de las comidas o el cigarrillo de después (o cuando sales de fiesta), pueden convertirse en hábitos dificiles de erradicar. Curiosamente, estos ejemplos representan de forma más cercana casos de pura adicción psicológica, ya que no necesitamos mantener unos niveles estables de dicha sustancia en nuestro organismo pero tampoco podemos erradicar la costumbre o el ritual de consumo.

La mala noticia es que la conclusión de este artículo no es una respuesta fácil a como acabar con estos hábitos. La extinción en todos estos casos supone exponerse al estímulo condicionado (el ambiente incitador) y no tomar la sustancia. Tras exponerse al estímulo condicionado de forma sistemática sin que el estímulo incondicionado haga presencia (sin la droga, vamos) la relación entre ambos acabará desapareciendo.

Tal como decía Aldous Huxley, “El hábito convierte los placeres suntuosos en necesidades cotidianas”. Y esta vez sí sabemos de que hablaba el genial escritor británico.

 

 

Artículos consultados:

Crowel, Charles, Riley Hinson, y Shepard Siegel. «The Role of Conditional Drug Responses in Tolerance to the Hypothermic Effects of Ethanol.» Psychopharmacology, 1981: 51-54.

Hinson, Riley, y Shepard Siegel. «Anticipatory Hyperexcitability and Tolerance to the Narcotizing Effect of Morphine in the Rat.» Behavioral Neuroscience, 1983: 759-767.

Siegel, Shepard, Marco A.S. Baptista, Joseph Kim, Robert V. McDonald, y Lorraine Weise-Kelly. «Pavlovian Psychopharmacology: The Associative Basis of Tolerance.» Experimental and Clinical Psychopharmacology, 2000: 276-293.

Siegel, Shepard, y Delbert W. Ellsworth. «Pavlovian conditioning and death from apparent overdose of medically prescribed morphine: A case report.» Bulletin of the Psychonomic Society, 1986: 278-280.

White, Jason M., y Rodney J. Irvine. «Mechanisms of fatal opioid overdose.» Addiction, 1999: 961-972.

 

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