La ilusión de la realidad: ¿Qué ve nuestro cerebro cuando los ojos no ven?

Buscando magufos para el último artículo, me encontré con una práctica que prometía producir alucinaciones (de una forma más que económica) a la cual no podía dar crédito, no había forma de que una cosa así pudiera ser cierta.

La técnica en cuestión es conocida como “El Procedimiento Ganzfeld” y lo primero que descubrí fue un esquema que detallaba una forma simple de llevar a cabo este experimento.

[…] Comienza por encender la radio y colocarla en una frecuencia en la que suene ruido (blanco). Después, túmbate en el sofá y pega con cinta un par de mitades de una bola de ping pong sobre tus ojos. En cuestión de minutos, comenzarás a experimentar una serie de distorsiones sensoriales. Alguna gente ve caballos corriendo entre nubes u oyen la voz de algún familiar muerto. Resulta que la mente tiene adicción por las sensaciones, así que, cuando hay poco que percibir, […] tu cerebro acaba inventándose sus propias sensaciones.

 

 

Dispuesto a descubrir si esta técnica tenía validez cientítfica me puse a buscar alguna fuente que pudiera probar la veracidad del método de Ganzfel, para lo cual, comencé mi búsqueda por algo sencillo, consultar la Wikipedia.

Según la enciclopedia digital, el experimento Ganzfeld es:

(Una) técnica empleada en el campo de la parapsicología para probar la percepción extrasensorial de las personas. […] Parapsicólogos como Dean Radin y Daryl J. Bem ponen de manifiesto que los experimentos ganzfeld han ofrecido resultados que se desvían de la aleatoriedad hasta un nivel estadístico significativo y que esos resultados presentan algunas de las pruebas cuantificables más fuertes de telepatía hasta día de hoy.

Pues empezamos mal.

El método Ganzfeld parece ser una técnica parapsicológica utilizada por algunos “doblacucharas” para intentar demostrar que existen la telepatía basándose en supuestas pruebas “científicas”. De momento, todo parecía indicar que el Procedimiento Ganzfeld se trataba de otro bulo pseudocientífico.

Pero de entre toda la morralla parapsicológica, un detalle me llamó la atención, el experimento Ganzfeld tenía como objetivo provocar experiencias similares al aislamiento sensorial, una técnica de la que ya había oído hablar con anterioridad en algún texto sobre psiconáutica.

La entrada de Wikipedia sobre aislamiento sensorial nos cuenta que ésta es “una técnica usada en medicina alternativa y psicología”. (Bueno, parece que algo vamos mejorando). Pero existe todo un mundo más allá de la Wikipedia y resulta que el aislamiento sensorial ha sido una técnica ampliamente estudiada en el ámbito de la psicología. Para saber más al respecto, vamos a remontarnos a los orígenes de esta técnica.

 

Un repaso a la historia del aislamiento sensorial como método científico

Hasta mediados de los años 50 se pensaba que el sistema nervioso central requería de un flujo constante de estímulos exteriores para funcionar con naturalidad y que, en ausencia de los mismos, el cerebro simplemente entraría en una especia de estado de reposo.

Para corroborar esta teoría, en 1954 el Profesor John C. Lilly realizó una serie de experimentos en los que se sometió a los pacientes a una reducción de la “actividad absoluta de estímulos físicos recibidos” desde el exterior. Para ello, Lilly se encargó de diseñar lo que denominó “tanques de aislamiento”, unos contenedores de forma ovoide que contenían una solución salina a una temperatura de 34.5ºC en la que los individuos se introducían con una máscara que anulaba completamente la visión, de este modo los sujetos del experimento veían reducidas de forma significativa la cantidad de estímulos que recibían de forma auditiva, visual y táctil.

 

Una reunión de amiguetes con (de izquierda a derecha) Allen Ginsberg, Timothy Leary y John Lilly.

John Lilly es, sin duda, un personaje curioso dentro del panteón de psiconautas. Tras renunciar al puesto que había ocupado por casi 8 años en el Instituto Nacional de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), se dedicó a intentar crear, mediante el uso de ordenadores, un lenguaje de comunicación entre seres humanos y delfines dentro de lo que denominó el “proyecto JANUS” (Joint Analog Numerical Understanding System), acrónimo forzado deliveradamente para que coincidiera con el nombre (en inglés) del dios romano Jano, una deidad consagrada a los procesos de transición, -el dios del principio y del fin romano-, prediciendo que su investigación sería el punto de incio de una sociedad en la que cetáceos y humanos podrían convivir en armonía en condiciones de igualdad intelectual.

En 1961, Lilly formó parte de la primera conferencia del proyecto SETI, en la cual se discutió sobre la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre según la famosa “ecuación de Drake”. En 1964, Lilly entra en contacto con la LSD y se lanza a experimentar con esta sustancia en sus dos ámbitos de investigación, los delfines y los tanques de aislamiento (de las experiencias de este último campo surgiría el libro “El Centro del Ciclón”). A principios de los años 70, Lilly es introducido al uso de la ketamina como alucinógeno por el Dr. Craig Enright, lo que añadiría una sustancia psicoactiva más a la vida del “hombre de los delfines”, como ya se le conocía por esa época.

 

Las investigaciones que continuaron con el trabajo de John Lilly fueron llevadas a cabo por Donald Hebb en la Universidad de McGill (Canadá) y suponen uno de los capítulos más oscuros de la historia médica de este país. Estos experimentos se centraron en incrementar tanto la intensidad como la duración de la privación sensorial en una serie de experimentos que se sospecha estaban financiados por la CIA dentro del proyecto MK-Ultra y que buscaban descubrir nuevas formas de lavado de cerebro (McCoy, 2007).

Los resultados de este último experimento demostraron que tras varias horas de privación sensorial, los sujetos tenían problemas para generar pensamientos organizados y eran más propensos a la sugestión de nuevas ideas; se descubrió igualmente que la magnitud de las alucinaciones incrementaba con el tiempo permanecido en condiciones de privación sensorial y aquellos sujetos que permanecieron en condiciones de aislamiento por periodos superiores a 72 horas seguían experimentando estas alucinaciones hasta 24 horas después de la finalización del experimento.

 

Tristemente, ésta no ha sido la única aportación canadiense al temido proyecto MK-Ultra, ya que se sabe que un gran número de huérfanos del orfanato Du Plessis, catalogados como enfermos mentales de forma totalmente arbitraria, también sirvieron de cobayas humanos en experimentos sobre métodos de tortura y lavado de cerebro, todo esto apenas una década después de los crueles experimentos en los campos de concentración nazi y la firma del Código de Nuremberg.

Los resultados de todos estos experimentos, llevados a cabo en los años 50 y 60 mayoritariamente, han sido objeto de mucha controversia tanto por sus cuestionables métodos como por la validez de sus resultados. Estudios de la época, en los que se los sujetos sufrieron exposiciones prolongadas a condiciones de ausencia de estímulos exteriores así como exposiciones a  estímulos sin un patrón lógico aparente, parecen desmentir la ocurrencia de alucinaciones de tipo visual o auditivo en la mayoría de los pacientes (Cameron y otros, 1961), mientras que investigaciones más recientes sí que parecen haber encontrado evidencias de alucinaciones producidas por condiciones de aislamiento sensorial en periodos de incluso 15 minutos (Mason, 2009).

Este último estudio incluso sugiere que los sujetos con tendencia a sufrir trastornos esquizotípicos experimentan mayores alteraciones sensoriales, anhedonia y paranoia en condiciones de privación sensorial a corto plazo, por lo cual concluyen con la propuesta de que el aislamiento sensorial podría ser utilizado como una herramienta de diagnóstico prematuro de ciertas enfermedades mentales. De todos modos, los resultados son todavía poco concluyentes y existe cierta controversia en torno a los métodos y los resultados de este último estudio en particular (Bell, 2010).

 

Podemos encontrar, de todos modos, dos técnicas de alteración sensorial muy similares pero que merecen distinción. El aislamiento sensorial consiste en la reducción de la cantidad de estímulos que un individuo percibe desde el exterior (el sujeto puede ser confinado en un espacio a oscuras o en completo silencio en una cámara anecoica), mientras que la denominada “privación perceptual” se consigue mediante una “ausencia o disminución de grupos significativos de estímulos, que puede deberse a un ruido de fondo constante y/o a una iluminación insuficiente constante” (generalmente se consigue mediante el uso de ruido blanco en lugar de sonido y luces tenues y monocromas, en lugar de oscuridad, como en el procedimiento de Ganzfeld).

Los efectos de estas dos técnicas son bastante similares, pero parece que la privación perceptual es el método más eficaz para producir alteraciones perceptuales y psicológicas como alucinaciones o ansiedad. Igualmente, desde los años 60 se sabe que la privación perceptual produce una reducción de las frecuencias del lóbulo occipital de una forma más significativa que el aislamiento sensorial, lo que podría explicar las diferencias en cuanto a perturbaciones sensoriales entre estas dos técnicas (Zubek y Welch 1963).

 

Otros casos similares de alucinaciones provocadas por la ausencia de estímulos exteriores

Una vez que alguno de nuestros sentidos se ve dañado hasta el punto de ser anulado o su función se ve reducida, la región cerebral encargada de percibir dichos estímulos suele ser reorientada hacia la recepción y procesamiento de otro tipo de estímulos en lo que se conoce como “plasticidad cruzada” o “plasticidad intermodal” (cross-modal plasticity).

Pero ocurre en ciertos casos, que esta plasticidad intermodal no llega a ocurrir y el área cerebral encargada de recibir y procesar un tipo particular de estímulo se mantiene intacta. Este área sufrirá, por tanto, una especia de aislamiento sensorial, que en algunos casos provoca la aparición de alucinaciones, principalmente de tipo visual en personas que sin embargo son mentalmente sanas. Esta patología se conoce desde el siglo XVIII como el “Síndrome de Charles Bonnet“, en honor al biólogo y fisiologo suizo que la catalogó por primera vez.

Tanto en el caso de los experimentos de aislamiento sensorial como en el Síndrome de Charles Bonnet, se cree que las alucinaciones surgen a raíz de un fallo de las habilidades metacognitivas involucradas en discriminar entre fuentes de información autogeneradas (internas) y fuentes de información externas.

Para todos aquellos que estéis interesados, el neurólogo Oliver Sacks dedicó una TED Talk en el año 2009 a este fenómeno titulada “¿Qué revelan las alucinaciones sobre nuestras mentes?”.

 

Repercusiones sociales de estos estudios y del proyecto MK-Ultra

Cuando las atrocidades del proyecto MK-Ultra fueron reveladas a finales de los años 70 (pese a que la mayoría de los documentos habían sido destruidos previamente en 1973), el ya maltrecho (tras el caso Watergate) prestigio de los servicios de inteligencia estadounidenses se vió seriamente perjudicado. Sin embargo, la opinión pública es olvidadiza y no existe rencor alguno hacia esos hechos pasados, aún cuando estas mismas técnicas de tortura y lavado de cerebro se siguen utilizando a día de hoy en lugares como la cárcel de la Bahía de Guantanamo o la cárcel naval de la base de Charleston en Hanahan (en California del Sur).

Para concluir, es interesante recurrir a la ciencia ficción como el espejo en el que se reflejan los miedos de la sociedad de una época para darnos cuenta de la huella que estos experimentos dejaron en la sociedad. El temor al aislamiento sensorial y a las drogas como herramientas de control mental fueron temas recurrentes en los años 50 y 60 y podemos ver esta influencia en películas como “The Tingler” (1959), o series de televisión como la celebérrima “The Twiligh Zone” (cuyo primer episodio gira en torno al tema del aislamiento sensorial). Otras películas posteriores, como The Mind Benders (1962) o Altered States (1980), también tratan el tema del aislamiento sensorial y sus potenciales aterradoras consecuencias. Una curiosa excepción a esta tendencia demonizadora (bastante más actual) sería el capítulo “Dejad sitio a Lisa” ,episodio 16 de la décima temporada de la serie de televisión “Los Simpsons”, en el cual Homer y Lisa se embarcan en un viaje introspectivo mediante el uso de tanques de aislamiento, esta vez con consecuencias más beneficiosas y menos trágicas.

Pero los años dorados de la experimentación con tanques de aislamiento quedaron atrás y aunque parece ser que esta técnica está viviendo un tímido resurgimiento en algunos ambientes alternativos de los Estados Unidos, sus estrambóticos adeptos se alejan del estereotipo de científico de bata blanca y merecen, más bien, un apartado en las secciones de parapsicología de cualquier revista pseudocientífica, al mostrar un completo desconocimiento de los avances científicos al respecto de los últimos 50 años. Y para muestra, un botón (de la mano de Hamilton Morris, nuestro escritor favorito de VICE)

 

Bibliografía

Bell, Vaughan. «An alternative interpretation of “The psychotomimetic effects of short-term sensory deprivation”.» The journal of nervous and mental disesa, 2010.

Cameron, D. Ewen, Leonard Levy, Thomas Ban, y Leonard Rubenstein. «Sensory Deprivation: Effects upon the functioning human in space systems.» 1961.

Mason, Oliver J. «The psychotomimetic effect of short-term sensory deprivation.» The Journal of Nervous and Mental Disease, 2009: 783-785.

McCoy, Alfred W. «Science in Dachau’s shadow: Hebb, Beecher, and the development of CIA psychological torture and modern medical ethics.» Journal of the History of the Behavioral Science, 2007: 401-417.

Zubek, John P., y G. Welch. «Electroencephalographic changes after proplonged sensory and perceptual deprivation.» Science, 1963.

 

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  1. […] de la medicina moksha”), incrementa su correspondencia con Leary y entra en contacto con J. Lilly, por cuyos trabajos en el campo de la psicología y la privación sensorial mostraba interés […]

  2. […] de métodos no farmacológicos (como el ayuno, la meditación, la privación prolongada de sueño o la ausencia/exceso de estímulos) pertenecen a una categoría “superior” a la que corresponderían las experiencias de […]

  3. […] en un volón muy parapsicológico y sensorial-expresionista: básicamente, a través del llamado “experimento Ganzfeld”, fueron grabando las reacciones de personas sometidas a dicho experimento para luego plasmarlas en […]



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