La Bicicleta Mágica (III)

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La Bicicleta Mágica (I) o de como un error de laboratorio desató una revolución cultural

La Bicicleta Mágica (II) o de cómo la LSD fracasó como arma química mientras triunfaba como psicofármaco

 

Cuando la LSD todavía era un “accidente” por ocurrir, una serie de etnobotánicos se adentraba en las selvas y poblados de Mesoamérica con la intención de redescubrir las plantas mágicas utilizadas por las civilizaciones precolombinas en sus rituales sagrados, plantas cuyas identidades habían permanecido ocultas a los ojos del mundo occidental durante siglos.

Tres décadas antes de la explosión del consumo de sustancias psiquedélicas en occidente, un grupo de antropólogos, formado por Jean Basset Johnson, Irmgard Weitlaner, Bernard Bevan y Louise Lacaud, tuvo el privilegio de presenciar un ritual con hongos alucinógenos en Oaxaca, pudiendo recolectar muestras de los mismos que más tarde llegarían a las manos de un joven etnobotánico americano llamado Richard Evans Schultes.

 

Richard Evans Schultes durante una de sus expediciones

Richard Evans Schultes durante una de sus expediciones

 

En 1940, Richard Evans Schultes, basándose en los indicios proporcionados por estos y otros antropólogos y en las descripciones del fraile franciscano Bernardino de Sahagún de los ritos de las ceremonias de los pueblos nativos de Méjico, propuso la teoría de que el término Teonanácatl (“carne de los dioses” en Náhuatl) hacía referencia a un conjunto de variedades de hongos narcóticos [sic] que eran utilizados en los rituales chamánicos de ciertos pueblos mesoamericanos. Durante sus expediciones, R. E. Schultes recolectó en la zona de Oaxaca varios especímenes de estos hongos, que indentificó como pertenecientes a las variedades Panaeolus y Psilocybe, después de haber oído que estos eran el principal sacramento de las ceremonias místicas de los Mazatecas. Desgraciadamente, estas muestras no llegaron en condiciones óptimas como para determinar si contenían o no algún alcaloide psicoactivo por lo que sus propiedades continuaron siendo desconocidas.

Las investigaciones de Schultes en este campo fueron interrumpidas por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, gracias a las averiguaciones del que fuera vicepresidente de J.P. Morgan, Robert Gordon Wasson, sabemos que las teorías de Schultes eran ciertas y que los hongos psilocibios fueron usados como sacramento en ceremonias de adivinación y sanación por parte de las culturas pre-colombinas. En 1955, R. G. Wasson, junto al fotógrafo Allan Richardson, se convirtieron en los primeros occidentales en participar en un ritual con Teonanácatl bajo la atenta guía de la curandera María Sabina.

 

María Sabina y Robert Gordon Wasson durante la ceremonia de Teonanacatl

María Sabina y Robert Gordon Wasson durante la ceremonia con Teonanacatl

 

Gordon Wasson no sólo se encargó de divulgar sus descubrimientos entre los círculos académicos sino que dio a conocer estos rituales al público general, primero a través de un reportaje para la revista Life y, más tarde, a través de una serie de libros ahondando en los detalles de estas tradiciones.

 

Se considera que el artículo de Wasson para la revista Life sirvió de inspiración a Timothy Leary a la hora de lanzarse a vivir su propia experiencia chamánica con los hongos Psilocybe en Méjico, tras la cual volvió a la Universidad de Harvard con la intención de promover el estudio de los efectos de la psilocibina (el compuesto activo responsable de los efectos enteogénicos de estos hongos) fundando en 1960 para tal efecto, junto a Richard Alpert, el “Harvard Psilocybin Project”.

 

Ralph Metzner y Timothy Leary, dos de los fundadores del "Harvard Psilocybin Project", en 1960. Fuente: Archivos de Timothy Leary

Ralph Metzner y Timothy Leary, en 1960. Ralph fue un colaborador habitual del “Harvard Psilocybin Project”.  Fuente: Archivo de Timothy Leary

 

Mientras tanto, Michael Hollingshead, tras su experiencia de muerte y resurrección del ego con el mejunje del célebre tarro de mayonesa, investigaba los efectos que diferentes drogas producían en el comportamiento de las arañas a la hora de tejer sus redes.

A raíz de su creciente interés por los psiquedélicos, Hollingshead decidió telefonear a Aldous Huxley en busca de asesoramiento sobre cómo enfocar su tesis, a lo que esté, a su vez, le recomendó contactar con el profesor Timothy Leary. Una vez que ambos se conocieron, no tardaron en crear un fuerte vínculo de afinidad que creció hasta el punto de que Hollingshead se trasladara a vivir con el mismo Leary y su familia. Finalmente y pese a las reticencias iniciales de Leary, Hollingshead introdujo al profesor de Harvard al consumo de LSD, sustancia que rápidamente incluyó en sus investigaciones. Sin embargo, sus experimentos bajo el amparo de la Universidad de Harvard llegaron a su fin en 1963, cuando tanto él como Richard Alpert fueron expulsado de dicha institución bajo la excusa de no cumplir con sus obligaciones docentes y de suministrar drogas a los alumnos, respectivamente.

 

Portada del "The Harvard Crimson"  de 28 de Mayo de 1963 con la noticia de la expulsión de Richard Alpert. Fuente: Erowid

Portada del “The Harvard Crimson” de 28 de Mayo de 1963 con la noticia de la expulsión de Richard Alpert. Fuente: Erowid

 

Pero la expulsión de la universidad no supuso un impedimento para que Leary continuara con su misión de transformar la mentaliad de la sociedad norteamericana, para lo cual se trasladó a una mansión en la ciudad de Millbrook con un grupo de seguidores en la que continuarían con un estilo de vida en el que se alternaban fiestas y exploración espiritual, todo ello aliñado con grandes cantidades de LSD y otras sustancias alucinógenas.

Hollingshead, mientras tanto, se embarcaba en una misión para introducir a figuras de la cultura popular norteamericana en el consumo de LSD, siguiendo un criterio mucho menos elitista que el representado por Al Hubbard unos años antes. William Burroughs, Allen Ginsberg, Keith Richards, Paul Krassner, Alan Watts y John Riley fueron algunos de  “iniciados” por Hollingshead. Este último, resultó ser el responsable de iniciar a su vez a John Lennon y George Harrison deslizando una dosis de LSD en sus cafés durante una cena en su casa.

 

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Hasta el año 1966, el círculo de usuarios de LSD era más bien reducido, abarcando únicamente a ciertos científicos, intelectuales y pioneros de la psicodelia (como los Alegres Bromistas de Ken Kesey), aquellos militares y civiles que fueron usados como cobayas humanos en los experimentos de la CIA y un reducido grupo de estudiantes en torno a las universidades en las que se investigaban estas sustancias.

 

Para más inri, en 1966, Sandoz retiró del mercado todas las partidas de LSD y detuvo la producción de la misma ante el riesgo de que la imagen de la compañía se asociara con una sustancia cuyo uso recreacional se encontraba en aumento desde que aparecieran las primeras dosis de LSD en cubos de azúcar en el mercado negro en el año 63. Pero para fortuna de muchos futuros psiconautas, Owsley Stanley, el que fuera técnico de sonido de los Grateful Dead, consiguió por esas mismas fechas sintetizar su primera partida de LSD, comenzando su distribución en la zona de California entre el público de los conciertos de los Dead, los Jefferson Airplane, Big Brother and the Holding Company y hasta el propio Johny Cash.

 

Owsley Stanley junto a Jerry García en una foto de 1969. Fuente: Reuters vía The Guardian

Owsley Stanley junto a Jerry García en una foto de 1969. Fuente: Reuters vía The Guardian

 

Un año más tarde, dos químicos clandestinos entrenados por Owsley, Tim Scully y Nicholas Sand, comenzaron sus propios proyectos de producción de LSD con el apoyo de Leary y con la ayuda, a la hora de distribuir el producto (el famoso “Orange Sunshine”) de una de las organizaciones de la contracultura underground norteamericana más llamativas, “La Hermandad del Amor Eterno”, una mafia hippie que se proponía inundar el área de la bahía de San Francisco de LSD con el objetivo de generar una revolución social. Mientras tanto, Hollingshead se trasladaba de vuelta a Inglaterra con idea de propagar esta misma idea al otro lado del Atlántico.

El consumo de LSD en las islas británicas era un fenómeno mucho más reducido y al comienzo, más restringido al ámbito psiquiátrico en comparación con su antigua colonia de ultramar. Sin embargo, en la Inglaterra de finales de los 60 destacan dos nombres, Ronald David Laing y Ronald Arthur Sandinson, tanto por sus trabajos pioneros en el uso terapéutico de la LSD, con un enfoque mucho más cercano al paciente, tanto como por su oposición a las terapias psiquiátricas “tradicionales” de la época (a saber: terapias de electroshock indiscriminadas, terapias de coma insulínico y lobotomías, entre otras maravillas de la ignorancia).

La ausencia de figuras que tomaran el papel de gurús del ácido en las islas británicas ante el rechazo de Laing de liderar el proyecto de distribución masiva de LSD en Inglaterra que le había sido propuesto por Ronald Stark, un supuesto emisario de la Hermandad del Amor Eterno, no supuso el fin del movimiento psiquedélico en el Reino Unido. En su lugar, David Solomon, un escritor norteamericano que trabajaba escribiendo artículos sobre psicodelia para revistas como Esquire o Playbloy, se encargó de tomar el relevo y, junto al químico Richard Kemp, comenzaron en 1971 la producción y distribución de LSD desde Inglaterra, supliendo de LSD a los elementos de la cultura underground británica y posiblemente, europea, a juzgar por las cantidades de ácido que fueron incautadas durante su desmantelamiento en la Operación Julie.

 

David Solomon, en 1978, a la salida del juzgado de Bristol tras el juicio por la Operación Julie. Fuente: Operation Julie WordPress

David Solomon junto a otros implicados en el caso de distribución de LSD, en 1978, a la salida del juzgado de Bristol tras el juicio. Fuente: Operation Julie WordPress

En el año 1967 el consumo de LSD era ya masivo y los hippies, término acuñado en 1965 por Michael Fallon del San Francisco Examiner, campaban a sus anchas por Haight-Ashbury propagando su mensaje de amor, libertad sexual, no-violencia y expansión de la consciencia. El Verano del Amor había dado comienzo y con él se aspiraban aires de renovación.

La prohibición de la producción y venta de LSD no pudo frenar su consumo y más bien generó la suficiente publicidad como para que éste se extendiera y se asociara con un espíritu de rebeldía con el que la juventud de finales de los 60 no dudó en identificarse.

En la búsqueda del elemento diferenciador que ayudara a romper con los ideales tradicionales dominantes durante la década de los 50 y gran parte de los 60 la experimentación y la libertad creativa dieron pie a que surgieran toda una variedad de expresiones artísticas que ayudaron a definir una nueva cultura para lo que aspiraba a ser una nueva conciencia  para el ser humano. Por primera vez, blancos y negros tocaban juntos, mezclando estilos musicales procedentes de ambas culturas y dando como resultado una música que desafiaba a la segregación racial norteamericana al no estar orientada hacia un grupo racial en particular.

El mundo occidental fue testigo del resurgir de una nueva espiritualidad caracterizada por su sincretismo y su heterogeneidad en cuanto a las fuentes de inspiración, desde los cultos quasi animistas de los hippies inspirados en las creencias de los nativos americanos hasta el enfoque no-dualista de ciertos grupos intelectuales que tornaron sus ojos hacia las religiones orientales como el budismo o el hinduismo.

LSD tongue

Es evidente que el detonante del cambio no fue el consumo de LSD sino una acumulación de factores que se fueron desarrollando durante los años 50 y 60, pero es innegable que esta sustancia fue, en cierta manera, el catalizador del cambio, la herramienta que muchos encontraron útil para desafiar al sistema y lanzarse a buscar nuevas formas de expresión que rompieran con el discurso gris y tradicionalista de sus padres. Una sustancia que no habría existido sin la corazonada de un químico suizo allá por 1943, el cual que tuvo la suerte de absorver parte del compuesto de forma accidental, descubriendo sus efectos y dándolos a conocer al mundo.

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  2. […] de algunos de los miembros de la banda llegó con su iniciación al consumo de LSD. Como ya hemos comentado, esta “iniciación” ocurrió sin el conocimiento de los mismos por parte del que era el […]



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