La Bicicleta Mágica (II)

La experiencia psicodélica era aún una práctica limitada y minoritaria durante la época posterior a la segunda gran guerra, contando con un catálogo de sustancias conocidas bastante reducido, donde la mescalina (aislada en 1897 por Arthur Heffter) era la sustancia más potente descubierta hasta la fecha. En una época en que el paternalismo en cuestión de salud pública aún no estaba de moda (tras el sonado fracaso de la ley seca en los Estados Unidos), fueron varios los autores que hicieron uso de este enteógeno como fuente de inspiración tanto artística como mística, llegando incluso algunos a atreverse a pasar estas vivencias al plano literario en forma de ensayos. Entre estos intelectuales se encontraban personalidades como Henry Michaux, Jean Paul Sartre y Ernst Jünger, pero quizás, el más famoso ensayo sobre los efectos de la mescalina se lo debamos a Aldous Huxley, el cual se valió de una cita del poema de William Blake “El matrimonio del Cielo y el Infierno” para titular su ensayo y describir la experiencia psicodélica.

Si las puertas de la percepción fueran purificadas, todo se descubriría tal como es, infinito. Porque el hombre se ha encerrado hasta ver las cosas a través de las grietas estrechas de su caverna.

Pero remontemonos a las circunstancias que hicieron posible este libro para entender mejor el contexto y los personajes que fueron protagonistas de esta época.

 

 

Uno de los puntos imprescindibles para entender la rápida expansión de la LSD entre las capas altas de la sociedad norteamericana es Alfred (Al) Matthew Hubbard, un misterioso y polivalente personaje que realizó tareas tan dispares como inventor, traficante, espía, piloto y médico antes de convertirse en el principal cliente de Sandoz en los Estados Unidos.

Este excéntrico millonario probó por primera vez la LSD en 1951 y desde ese día dedicó todo su tiempo y toda su fortuna al servicio de la cruzada de iniciar en la LSD a tanta gente como le fuera posible. Algunos de sus proyectos fueron tan excéntricos como su misma persona, como la idea de convertir a Nelson Rockefeller en un aliado de la causa psicodélica convenciéndole para probar la LSD en una reunión privada.

Fue el capitán “Al” Hubbard quien hizo posible que Canadá fuese, por algo más de una década, uno de los países punteros en la investigación con LSD. En 1953, el encuentro de “Al” Hubbard con el doctor inglés Humphry Osmond en el club del yate de Vancouver determinó el comienzo de una estrecha relación profesional así como de amistad entre ambos, que desembocaría en la puesta en marcha de uno de los centros de investigación con LSD más prolíficos de norteamérica.

A partir de ese decisivo encuentro el Dr. Osmond dispuso de LSD para ampliar los estudios que ya realizaba con mescalina en pacientes de la institución mental en Saskatchewan (Canadá) donde trabajaba y el Capitán “Al” consiguió a través de su amistad con el psiquiatra aumentar su círculo de amistades y proseguir con su labor profética de expandir la LSD.

En 1953 Huxley entró en contacto con Humphry Osmond a raíz de una crítica que el doctor inglés escribió sobre su libro “Los diablos de Loudun”. Huxley, por su parte, estaba muy interesado en las experiencias místicas debido probablemente a un cambio de posturas tras entablar amistad con el místico Jiddu Krishnamurti a finales de los 30. En 1954, sólo un año antes de probar la LSD (en compañía de Al Hubbard), Huxley realizó una crónica sobre su experiencia psiquedélica con peyote bajo la supervisión del Dr. Osmond en su libro “Las puertas de la percepción”, obra que, debido al reconocimiento del que ya gozaba su autor (tras la publicación de “Un mundo feliz” en 1932), no tardó en convertirse en referencia para todos aquellos que aspiraban a adentrarse en los dominios de la mente humana valiéndose de estados alterados de consciencia inducidos artificialmente.

 

Pero no sólo los intelectuales se interesaron rápidamente por las posibilidades de estas nuevas sustancias. Existen informes del ejército norteamericano que muestran que ya por el año 1945 los nazis realizaron experimentos con mescalina en presos del campo de concentración de Dachau. Al otro lado del Atlántico y de forma casi consecutiva, la CIA comenzó la búsqueda de nuevas sustancias químicas con objetivos tan diversos como el sabotaje de las líneas de suministro enemigas, control mental, sugestión de los prisioneros sometidos a interrogatorios e incluso como intensificador del poder de combate de las tropas.

Fueron varias las tentativas de la CIA  para llevar a cabo dichos objetivos partiendo de finales de los 40, el proyecto “CHATTER” (1947), el proyecto “BLUEBIRD” (1951) y finalmente el controvertido proyecto “MK-ULTRA”.

 

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De forma posterior, pero con los mismos objetivos que en el caso estadounidense, se realizaron en países como Gran Bretaña y la antigua República de Checoslovaquia una serie de absurdos experimentos para documentar los efectos que altas dosis de estos fármacos producían en soldados y oficiales del ejército. Estas pruebas demostraron la inviabilidad de la LSD como sustancia intensificadora de la capacidad de combate, como quedó probado en uno de los ensayos con soldados británicos al concluir el experimento con un desenlace completamente incompatible con la actividad militar.

 

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El propio Albert Hofmann fue requerido por el ejército americano para tomar parte en las investigaciones sobre los posibles usos de la LSD más allá de la aplicación clínica, oferta que Hofmann rechazó al considerar que los objetivos de dicha investigación diferían de las expectativas que tenía para su “hijo problemático”.

Por otro lado, los experimentos para usar la LSD como emponzoñador de los suministros de agua enemigos fueron desestimados tras comprobar que dicha sustancia se descomponía rápidamente al entrar en contacto con el cloro utilizado como desinfectante.

Por poner algunos ejemplos de lo “mengueliano” de los experimentos llevados a cabo bajo el proyecto “MK-ULTRA”, se sabe, gracias a una investigación realizada en el año 1976 por un comité independiente del Senado de los Estados Unidos[1], que en 1953 al tenista profesional Harold Blauer le fue administrada una dosis letal de un derivado de la mescalina como parte de un experimento del que él mismo no tenía constancia [2]. De igual forma, en Noviembre de 1953, un científico americano llamado Frank Olson, que trabajaba como bacteriólogo en las instalaciones de Fort Detrick para el propio proyecto “MK-ULTRA”, saltaba del décimo piso del hotel en el que se hospedaba tras sufrir lo que oficialmente se anunció como una crisis nerviosa, pero que más tarde se reveló como una depresión causada tras haber experimentado un estado de intoxicación aguda de LSD de cuya ingesta él no había dado consentimiento ni de la cual tenía constancia (el caso se saldó con una compensación de 750.000$ para la familia del difunto a cambio de su silencio).

Como en todos los casos de proyectos secretos, existe incluso un grupo de amantes de las conspiraciones que afirman que lo que se creé que fue una intoxicación por consumo de harina infectada por cornezuelo, ocurrida en la localidad francesa de Pont-Saint-Esprit en 1951, no fue más que otro ensayo de la CIA para probar los efectos de la ingesta masiva de LSD, esta vez como arma de combate contra población civil.

Paralelamente, se realizaron experimentos en el campo de la medicina psiquiátrica con objetivos igualmente dispares y mediante métodos realmente diferentes ya fuera en Europa o en los Estados Unidos donde se realizaran los experimentos.

En norteamérica, algunos psiquiatras como el Dr. Max Rinkel y el Dr. Robert Hyde, buscaban vías para inducir estados psicóticos transitorios (auspiciados por los mismos instigadores del proyecto “MK-ULTRA”), algunos, como el Dr. Nick Bercel, utilizaban la LSD en terapias de psicoanálisis mientras otros, como el Dr. Humphry Osmond investigaban con resultados aparentemente favorables [3] la posibilidad de rehabilitar pacientes alcohólicos mediante terapia psicodélica (término que él mismo acuño).

En Europa también contamos con algunos nombres importantes en la terapia con LSD como serían el Dr. Ronald D. Laing, famoso por su postura crítica ante las causas de la esquizofrenia, el Dr. Ronald Sandinson, promotor de la terapia psicolítica en Gran Bretaña y por nombrar algún ejemplo patrio, el Profesor Rojo Sierra, que experimentó con las aplicaciones del psicodrama en la Universidad de Granada.

Otro de los personajes clave de la época sin los que sería imposible entender lo que ocurriría después, el doctor Michael John Shinkfield (alias Michael Hollingshead), realizaba a principios de los 60, a través de su amigo John Beresford que ejercía como médico en el New York Medical College y que más tarde fundaría The Agora Scientific Trust, un encargo de 1g de LSD a los laboratorios Sandoz siguiendo el consejo y la iniciativa de Huxley para investigar los efectos de esta nueva sustancia. Para conservar las muestras, Hollingshead mezcló el fármaco con azúcar y agua para formar una pasta que guardaría en un tarro de mayonesa que se convertiría en un icono en la cultura psicodélica. Tanto durante, como tras el torpe proceso, Hollingshead se chupó los dedos ingiriendo el equivalente a cinco dósis de LSD, unos momentos más tarde se encontraba en el tejado del edificio donde permanecería durante 15 horas experimentando lo que describió en su libro “The man who turned on the world” (1973) como “una abolición de la muerte corporal. Un paso fuera del caparazón del cuerpo hacia la tierra de lo improbable, que sólo puede comprenderse en términos de asombro y misterio, como un estado de lo absurdo, un nirvana estático”. [4]

Hollingshead volvió a contactar con Huxley tras su iniciación y éste le recomendó contactar con el profesor Timothy Leary en Harvard, ya que éste se encontraba realizando experimentos sobre los efectos de los hongos psilocibios. Gracias a éste contacto, Leary experimentó por primera vez los efectos de la LSD, lo que cambiaría por completo su forma de ser y de actuar. Las fichas se encontraban alineadas, la revolución psicodélica estaba a punto de comenzar.

¿Te has quedado con ganas de más? Pues continúa con la tercera parte…

 

Notas y referencias:

[1] Los grupos encargados de esta investigación fueron la Rockefeller Commission y el Church Committee, los cuales redactaron el “Final Report of the Select Committee to Study Governmental Operation with Respect to Intelligence Activities” (1976).

[2] Richard C. Schroeder. El mundo de las drogas (Título original: The politics of drugs) (1980) Congressional Quartely Inc.

[3] Muchos de los resultados de los experimentos con LSD llevados a cabo en los 60 serían cuestionables a día de hoy y no me atrevo a afirmar que los resultados del Dr. Osmond y del resto de investigadores citados sean válidos sin poder consultar fuentes actuales que lo corroboren. No hay que olvidar que estos experimentos se realizaron en la época en que la terapia de electroshock, la terapia de choque mediante coma insulínico e incluso la lobotomía eran métodos considerados como científicos. Por poner otro ejemplo de las propiedades que fueron atribuidas a la LSD, Timothy Leary afirmó en la entrevista que concedió a la revista Playboy, que la LSD era un fármaco capaz de curar la homosexualidad (que por entonces se consideraba como una patología médica). Fuente: http://www.american-buddha.com/aciddreams.playboyinterviewleary.htm

[4] “The man who turned on the world” (1973)

http://www.druglibrary.org/schaffer/lsd/holl1.htm

 

La imagen de la puerta pertenece a Carlos Montoya y a sido publicada siguiendo el procedimiento de Creative Commons.

 

 

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  1. […] en una serie de experimentos que se sospecha estaban financiados por la CIA dentro del proyecto MK-Ultra con el fin de descubrir nuevas formas de lavado de cerebro (McCoy, […]

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