La Bicicleta Mágica (I)

Mucho se ha escrito sobre la dietilamida del ácido lisérgico o LSD (casi siempre con el objetivo de disuadir de su consumo). Con idea de cambiar el enfoque, en esta serie de artículos que hemos decidido titular “La bicicleta mágica” intentaremos acercarnos, en cambio, a las implicaciones que esta sustancia tuvo en la sociedad de la época.

Para entrar en situación, estamos en Abril del año 1943, en plena Guerra Mundial. Las tropas del Afrika Korps retroceden ante el empuje de las fuerzas aliadas, Bolivia acaba de declarar la guerra a las potencias del Eje y en la imparcial Suiza, en uno de los laboratorios que la compañía Sandoz (“Sandoz, Sandoz, who taught me love…”) poseía en ese país, un científico llamado Albert Hofmann volvía a interesarse, por puro capricho del azar, por una de las sustancias que habían desechado cinco años atrás en una investigación en busca de nuevas sustancias estimulantes del sistema circulatorio y respiratorio.

Me voy a permitir una licencia literaria, pero, ¿qué sería de la humanidad si todos los científicos cumplieran escrupulosamente las normas de higiene en los laboratorios? No tendríamos Penicilina si no se hubieran contaminado las placas Petri de Fleming con el hongo Penicillium notatum, ni dispondríamos de Sacarina si Ira Remsen se hubiera lavado las manos después de experimentar con la hulla.

 

En el caso que nos atañe, no existiría una de las sustancias enteógenas más famosas (si no, la más famosa) si el señor Hofmann se hubiera cuidado de no entrar en contacto físico con el compuesto que acababa de sintetizar. Para ser más concretos, el isómero número 25 (tal como el doctor Hofmann lo numeró) de la dietilamina del ácido lisérgico, una sustancia derivada de los alcaloides del cornezuelo. Para los no versados en micología, el cornezuelo o ergot (Claviceps purpurea) es un hongo que infecta los granos del centeno y que segrega una serie de sustancias cuya ingesta genera un cuadro tóxico que se conoce vulgarmente como “fiebre de San Antonio”, cuyos síntomas se caracterizan principalmente por fuertes alucinaciones, seguidas de la defunción por envenenamiento del desafortunado psiconauta. Dentro de los círculos etnobotánicos se especula con que estas intoxicaciones podrían haber sido las causantes de muchas de las apariciones marianas y demás reportes de alucinaciones colectivas de tinte religioso ocurridas durante la Edad Media (1).

 

 

Volviendo al asunto que nos atañe, el doctor Albert Hofmann no tomó las precauciones necesarias en cuestión de higiene y una parte minúscula de la sustancia que estaba manipulando fue absorbida a través de las yemas de sus dedos, forzándole al cabo de un rato a interrumpir su experimentación debido a lo que él describió como “una inquietud notable, combinada con un ligero mareo.” Posteriormente, tras marcharse del laboratorio, transcribió en su cuaderno de notas su situación como “[…] un estado no desagradable, como un estado de embriaguez, caracterizado por una imaginación extremadamente estimulada”. Aún no lo sabía, pero acababa de vivir un momento histórico, el primer viaje de LSD.

Como buen científico que era, y guiado por el carácter curioso y aventurero propio del ser humano, no pasaron más de tres días sin que se decidiera a experimentar sobre sí mismo de nuevo los efectos de esa sustancia que acababa de sintetizar (más concretamente, el 19 de Abril de 1943). Muy precavido él, decidió autoadministrarse lo que consideraba que sería una dosis pequeña, unos 0,25mg de la sal del ácido lisérgico disueltos en una cantidad equivalente de suero, sin saber que la sustancia que tenía en sus manos era el psicofármaco más potente descubierto hasta la fecha (según el libro “Historia General de las Drogas” [2] la dosis activa es de 0,001mg/kg de peso. En personas de entre 50 y 80kg, una dosis de 0,02mg produce una notable estimulación y claridad de ideas, con 0,1mg comienzan los efectos visionarios, prolongándose la experiencia entre 6 y 8 horas y a partir de 0,3mg comienzan las dosis altas, que pueden prolongar su acción de 10 a 12 horas).

Sintiéndose, de forma comprensible, severamente indispuesto, decidió avisar a su ayudante para que le acompañara en el viaje a casa en bicicleta (ya que la guerra había limitado los suministros de combustible), viaje durante el cual los síntomas de la ingesta de la LSD se hicieron todavía más patentes, distorsionando la percepción subjetiva del espacio y del tiempo de nuestro protagonista. Los efectos del recién descubierto enteógeno fueron tan intensos, que el doctor Hofmann pensó que había perdido el contacto con la realidad de forma irreversible e incluso llegó a pensar que las alucinaciones dantescas que sufría  eran un indicador de que se encontraba en los umbrales de la muerte, pese a que un posterior análisis de su médico le confirmó que su condición física era inmejorable.

Tras unas horas infernales de esquizofrenia psicodélica en las que se mezclaban alucinaciones y realidad, las visiones descontroladas comenzaron a remitir, transportando a nuestro protagonista desde las puertas del infierno a un limbo de colores vivos y formas geométricas cambiantes que se parecía más a un paraíso multicolor. La conclusión de esta experiencia para el doctor Hofmann fue que este fármaco presentaba gran potencialidad en aplicaciones como la psiquiatría o la estimulación de la creatividad, por lo que en 1947, tras haber seguido experimentando en sus propias carnes [3] durante sus guardias en la frontera suiza, la compañía Sandoz comercializó el fármaco bajo la denominación comercial Delysid, con indicaciones para ser utilizado en psicoterapia analítica y como inductor de estados psicóticos.   Aunque no sería hasta el año 1949, cuando el Dr. Max Rinkel llevó una muestra de LSD a los Estados Unidos, que esta sustancia haría acto de presencia en el continente americano.
En este punto llegamos a uno de esos momentos en los que la Historia conspira para que coincidan en torno a un denominador común todo un grupo de personalidades que, sin saberlo, y a raíz de ese intercambio de ideas, contribuirán de forma decisiva al desarrollo de un nuevo tipo de mentalidad.

Para finalizar, les dejo un cortometraje que ilustra (de forma libre) este peculiar “viaje” en bicicleta.

 

 

¿Quieres saber qué ocurrió después? Pues continúa con la segunda parte de “La Bicicleta Mágica” (La historia de cómo la LSD fracasó como arma química mientras triunfaba como psicofármaco).

 

Bibliografía:

[1] Morán Suárez, Isabel. El fuego de San Antonio: estudio del ergotismo en la pintura del Bosco. Asclepio, Vol. 48 Nº2 1996. CSIC.

[2] Escohotado, Antonio. Historia General de las Drogas. ESPASA, 1998.

[3] Hofmann, Albert. LSD: My problem child. MAPS, 1979.

 

Nota:
Se prefirió el uso de la palabra enteógeno, acuñada por Carl A. P. Ruck, Jeremy Bigwood, Danny Staples, Jonathan Ott y R. Gordon Wasson, en lugar de psicodélico o alucinógeno, por las connotaciones negativas que estas dos últimas expresiones han adquirido y debido a que la palabra enteógeno (lo que te hace ser poseído por un dios) ilustra perfectamente el uso primigenio de estas sustancias por parte de los seres humanos. Además, la LSD no produce alucinaciones en todo su rango de dosificación, por debajo de un valor crítico sólo se sufren ilusiones que alteran la percepción subjetiva de la realidad.
El uso del género femenino al referirse a la LSD se debe a que, en su designación en castellano, las siglas LSD se corresponderían con dietilamina del ácido lisérgico, de género femenino por tanto.

 

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Comentarios
12 Respuestas a “La Bicicleta Mágica (I)”
  1. Buen artículo. Algunas cosas discutibles, sin embargo. Lo que buscaba Hofmann no era un remedio para la migraña (si bien algunos derivados ergólicos se mostraron eficaces posterioremente para tal fin)

    “I had planned the synthesis of this compound with the intention of obtaining a circulatory and respiratory stimulant (an analeptic). Such stimulating properties could be expected for lysergic acid diethylamide, because it shows similarity in chemical structure to the analeptic already known at that time, namely nicotinic acid diethylamide (Coramine).”

    Por lo demás en el mismo libro de Hofmann viene el relato de un viaje de Stoll -el primer psiquiatra que tomó LSD- con 0,06 mg, la cuarta parte de la cantidad ingerida por Hofmann, que le produjo efectos visionarios muy marcados. El libro de Escohotado es excelente, pero a los rangos de dosis que maneja les vendría bien una revisión

    http://www.druglibrary.org/schaffer/lsd/child4.htm

    En cuanto a lo de Demeter y Eleusis, vino mucho después. Es más lógico pensar que el femenino viene simplemente de la palabra “dietilamida”

    • Antonio dice:

      Muchas gracias por el aporte, ya he corregido el malentendido sobre el interés de Hofmann por sintetizar los derivados de la ergotamina.

      En cuanto a la dosificación, mi objetivo en este artículo no es el de establecer un manual de uso de la LSD, por lo que voy a mantener los datos del Profesor Escohotado, aún a pesar de que puedan ser imprecisos, a falta de otras fuentes.

      Leí el libro de Hofmann hace unos tres meses, pero olvidé tener en cuenta el “trip report” del Doctor Stoll a la hora de redactar el artículo. Intentaré reeditarlo para tener en cuenta una experiencia tan relevante como es la primera prueba de LSD en el mundo de la psiquiatría.

      Muchas gracias Alejo, es un placer recibir tus comentarios

  2. A mandar, Antonio. Se agradecen mucho los artículos serios sobre el LSD, que entre los farmacófobos y los delirios de los conspiranoicos -hiperactivos en internet-, está chungo separar el grano de las pajas (mentales). Aprovecho para enlazar un vídeo de la única aparición de Hofmann en la televisión española

    Albert Hofmann en El Mundo por Montera on Vimeo –
    https://vimeo.com/11162723

  3. Y otro con la entrevista que le hizo Jonathan Ott para un especial de Cáñamo

    Albert Hoffman conversa con Jonathan Ott on Vimeo –
    https://vimeo.com/34419563#

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  2. […] le llevó a entablar amistad con un científico como Albert Hofmann, descubridor del LSD mientras trabajaba para Sandoz y que orientó su carrera para intentar explicar la fuerte dependencia de la alteración de la […]

  3. […] la ergotamina ya hemos hablado con anterioridad. Este alcaloide del Ergot (o cornezuelo del centeno) ha sido utilizado en medicina para tratar […]

  4. […] (la inspiración para el artículo se la debo al compañero Alejo Alberdi, que posteó el video en “La Bicicleta Mágica (I)”). El objetivo de la tertulia, a parte de la obvia importancia de la entrevista per se al padre de […]

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