La fábula del fármaco bueno y el fármaco malo

Desde que el estado es estado y los sabios gobernantes legislan por el bienestar del vulgo, ha existido una postura oficial y sagrada en contra de algunas de las sustancias que se clasifican bajo el vago concepto de droga, postura imposible de rebatir so pena de ser acusado de herejía.

A su vez, y de forma preventiva, la Justicia ha establecido que ya que en muchos de los delitos relacionados con drogas coinciden en un mismo individuo delincuente y víctima y pues la orientación del derecho es proteger la integridad de los mismos individuos, la prohibición de ambos actos, consumo y tráfico, es la forma más razonable de actuar.

Y así, toda la población acepta sin cuestionar estos preceptos divinos marcados por papá estado… ¿Toda? No. Un puñado de irreductibles “bárbaros” resiste ahora y siempre al opresor con una poción mágica que los hace invencibles, el cerebro.

Muchos de los defensores del prohibicionismo esperan encontrar en el papel del “bárbaro” a algún pobre adicto totalmente desprovisto de argumentos, pero, en el improbable caso de que se interesen alguna vez por conocer otros puntos de vista, se sorprenderán al descubrir que los defensores de las posturas antiprohicionistas son gente corriente (como se sorprendió la periodista Samanta Villar en aquel desastroso “21 días fumando porros” al encontrarse con el profesor Antonio Escohotado). El mismo Escohotado se refiere al tema de como la Justicia lidia con los asuntos de drogas en su libro “Historia General de las Drogas” de la siguiente forma:

La delincuencia ligada directa o indirectamente a drogas ilícitas constituye el capítulo penal más importante en gran parte de los países del mundo, donde llega a alcanzar cotas próximas a tres cuartas partes de todos los reclusos. En los siglos XVIII y XIX, lo equivalente a esta proporción correspondía a disidencia política, y del XIV al XVII a disidencia religiosa. Cuando un delito previamente desconocido se eleva a fuente principal de las condenas, y crece en vez de contraerse con la represión, cabe sospechar que encubre un proceso de reorganización en la moral vigente.

Sin embargo, para el establishment (como diría Kesey) no existe la opción del debate. Su deber ha sido y es usar todos los medios a su alcance para prevenir y castigar lo que ellos establecen como delito, sin excusa. Las formas de castigo son de sobra conocidas, por lo que me gustaría centrarme en algunas de las formas de prevención.

Para hacernos una idea de cómo la publicidad para la prevención del uso de las drogas está enfocada, me gustaría analizar a modo de ejemplo una obra de arte de la propaganda prohibicionista de finales de los 60 que tiene por título: “LSD, a case study”.

 

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Aunque pueda parecer ingenuo y pasado de moda (y más efectivo como propaganda vegetariana que como disuasorio del consumo de LSD), este cortometraje repite dos de los patrones que se han hecho más habituales en la publicidad prohibicionista.

1. La teoría de la escalada (gateway theory), A.K.A. “Se empieza por los porros y se termina en el jaco”.

La teoría de la escalada fue descrita por primera vez por la profesora Denise B. Kandel en 1975 [1]. Esta teoría postula que el consumo de drogas sigue un cierto patrón que se puede clasificar por etapas, partiendo de las drogas “legales” como el alcohol y los cigarrillos para de ahí pasar a la marihuana y de ésta a otras drogas más potentes.

Esta teoría no hizo más que formalizar de forma supuestamente científica una de las creencias populares que afirmaban que el abuso de sustancias como el alcohol era precedido por una serie de etapas de extremo consentimiento por parte de los padres que derivaba en el uso de sustancias “menores” durante la niñez [2].

Existen cientos de estudios que dicen encontrar una fuerte correlación entre el uso de marihuana como antecedente al uso de otras drogas más duras como heroína, crack o cocaína. Otros estudios prueban que en realidad es el alcohol la droga de entrada hacia drogas duras, ya que han encontrado que un gran número de adictos a estas últimas comenzaron bebiendo [3]. Pero al igual que Bobby Henderson encontró una correlación entre el descenso del número de piratas y el incremento de la temperatura de la Tierra, estos datos no prueban nada, ya que correlación no implica causalidad (aunque Somalia presente las menores emisiones de carbono del mundo).

La propia profesora Kandel tuvo que matizar en otro artículo el alcance de su teoría al comprobar que influían muchos más factores en el uso de drogas duras y que la correlación entre éstas y el uso de marihuana no implicaba causalidad [4], pero para entonces los voceros del prohibicionismo ya habían creado un dogma alrededor de esta teoría y aún a día de hoy hay quien sigue investigando y buscando correlaciones entre el uso temprano de marihuana y el subsecuente consumo de drogas “duras”  entre distintos grupos de población.

La teoría de la escalada, entendida como que la causa del abuso de sustancias como cocaína o heroína en la etapa adulta se debe al abuso previo de marihuana, es uno de los argumentos más fuertes esgrimidos por los prohibicionistas en contra de la legalización de la marihuana.

 

 

2. Se exageran los efectos de la sustancia para crear alarma entre la población y miedo en los consumidores.

Este discurso genera una polarización en la sociedad entre los que creen los mensajes de dichos programas y los escépticos, dando superioridad moral según los criterios del sistema a los primeros, pero la ventaja de haber comprobado que los efectos catastróficos no son ciertos a los últimos, lo que les hace desconfiar automáticamente de cualquier información sobre drogas procedente de fuentes oficiales. Por exagerar los efectos de las drogas lo único que consiguen es que los que nunca han probado dichas sustancias se reafirmen en sus posturas, pero cada persona que comprueba que los resultados no son como los pintan es un crédulo menos de los engaños de su publicidad.

Y si no me crees, intenta convencer a alguien de que deje de beber usando la escena de los elefantes rosas de Dumbo (si es posible, la aún más moralista versión en castellano), e intenta argumentar que, aunque sea en etapas de larga intoxicación alcohólica o abstinencia cuando se producen las alucinaciones, esto te puede pasar si te tomas un par de cervezas.

 

 

Existe un problema de desinformación con respecto a las drogas. La mayoría de las fuentes accesibles al público general son revistas, periódicos y demás medios de comunicación que se encargan de exagerar y dramatizar la situación para conseguir beneficios a costa del sensacionalismo y que simplemente repiten el mensaje oficialista sin siquiera considerar las fuentes o si la información es verídica. Necesitamos, en cambio, fuentes de información fidedignas capaces de tratar el tema desde un punto de vista objetivo y desinteresado.

Instituciones como el “Consejo contra el Abuso de las Drogas”, creado en 1972 por la fundación Ford, intentaron establecerse como fuentes de información veraz sobre este tema, pero ante el temor de que una aproximación no alarmista de la situación llevará a los jóvenes a la experimentación se consiguió que en 1979 esta organización fuera disuelta.

A día de hoy, y gracias a internet, existen diferentes fuentes a las que se pueden recurrir para encontrar información realista sobre drogas (Independent Scientific Committee on Drugs, Erowid o Energy Control, entre otros), pero no existe una educación sobre las mismas para dar a conocer los verdaderos efectos y las implicaciones que el consumo de estas sustancias conlleva a un público más general.

Vivimos en un mundo de doble moralidad. Bajo el amparo del discurso dominante es legítimo apuntar con el dedo al individuo que ocasionalmente hace uso de las sustancias prohibidas, al ser éstas consideradas la raíz de tantos supuestos males, pero ay de aquel osado que se atreva a señalar al honrado cabeza de familia que gusta de saborear una copa de vino con las comidas comparándole con el borracho que ha causado un accidente de tráfico, pues en ese caso son dos situaciones completamente distintas.

El estado emplea grandes cantidades de dinero y tiempo en combatir las drogas (sustancias inanimadas) en lugar de buscar la causa de las adicciones a las mismas. Se persigue con insistencia a los consumidores de sustancias cuyo potencial tóxico es leve mientras se deja ahogarse en el alcohol a millares de individuos y mientras otro tanto de la población abusa de píldoras psicoestimulantes bajo prescripción médica con consecuencias desastrosas para su organismo (como el caso de las benzodiacepinas). ¿Dónde está la igualdad de los individuos proclamada por la sociedad occidental desde la revolución francesa?.

Yo soy optimista y creo que la legalización llegará, y lo hará con problemas que tendremos que solucionar, con un nuevo punto de vista al que tendremos que adaptarnos moralmente y con cuya convivencia seremos capaces de solventar los inconvenientes que la legalización genere, normalizando poco a poco la situación. Lo que es insostenible es seguir ocultando el problema de la drogadicción como algo moralmente innaceptable y reprobable, relegando a la categoría de ciudadanos de segunda a los adictos sin considerar sus antecedentes y su situación y creyendo ingenuamente que la represión va a evitar el tráfico ilegal de dichas sustancias.

Las últimas noticias sobre los cambios de postura de países como Uruguay y los estados de Washington y Colorado en cuanto a la legalidad de la marihuana son bastante esperanzadoras, pero el debate debe continuar. Es necesario comenzar una discusión sobre si la guerra contra las drogas merece la pena dadas las nefastas consecuencias que acarrea y la situación que ha generado. La necesidad de alternativas es más que necesaria, pero para ello es imprescindible un cambio de mentalidad, es necesario poder hablar de drogas sin estigmas y sin vetos.

Para concluir el asunto me gustaría compartir un documental titulado “Breaking the Taboo” que trata justamente sobre este tema y en el cual han colaborado artistas del calibre de Morgan Freeman (que pone voz a la versión en inglés) y Gael García Bernal (narrador de la versión en castellano). “Breaking the Taboo” realiza un recorrido a través del desarrollo de la “guerra contra las drogas” y analiza cuales han sido sus nefastas consecuencias de una forma bastante amena. Espero que lo disfruten y con suerte, consiga hacer pensar a más de uno.

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Referencias:

[1] Kandel, D. B. “Stages in adolescence involvement in drug use.” Science, 1975: 821-914.

[2] “The home of an idulgent mother…”

[3] Welte, John W., and Grace M. Barnes. “Alcohol: The gateway to other drug use among secondary-school students.” Journal of Youth and Adolescence 14, no. 6 (1985).

[4] Yamaguchi, K, and D. B. Kandel. “Patterns of grug use from adolescence to young adulthood: III Predictors of progression.” American Journal of Public Health, 1984: 673-681.

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  1. […] un porro y acabas por pincharte heroína”. La sentencia, para los profanos, se formuló como la Teoría de la Escalada y en realidad empezaba por una cerveza y terminaba en el […]

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