El último gran psiconauta

Dicen que la única forma de alcanzar la inmortalidad es atreviéndose a llegar donde ningún otro hombre ha llegado antes. Por otra parte, esta afirmación nos deja pocas esperanzas de unirnos al panteón de los inmortales al vivir en una época demasiado tardía para descubrir territorios vírgenes en la Tierra y demasiado temprana para explorar otros planetas.

Alexander “Sasha” Shulgin es, posiblemente, uno de los pocos científicos que se han atrevido a arriesgar su carrera e incluso su salud por alcanzar esta forma de inmortalidad, llevando a cabo una tarea que a los ojos de muchos resultaría demasiado temeraria e imprudente.

A juzgar por su apariencia a medio camino entre Papa Noél y el mago Merlín, nadie diría que este veterano bioquímico ha sido el responsable de sintetizar y probar en sus propias carnes más de un centenar de compuestos psicoactivos de la más diversa naturaleza, desde estimulantes a empatógenos y alucinógenos de su propia creación.

 

Dr. Alexander Shulgin en su laboratorio (2001)

Dr. Alexander Shulgin en su laboratorio (2001)

 

Después de leer Las puertas de la percepción y Cielo e Infierno de Aldous Huxley, Shulgin comenzó a interesarse por las sustancias psicoactivas y en abril de 1960,  se decidió a experimentar consigo mismo los efectos que 400 mg de sulfato de mescalina producían, una experiencia que determinaría el camino que seguiría su carrera a partir de ese momento.

Su oportunidad para desarrollar esta pasión por las sustancias psicoactivas llegó finalmente en la forma que cualquier químico interesado en la psicofarmacología habría deseado; tras sintetizar un insecticida biodegradable que reportaría pingües beneficios a la compañía Dow, éstos le dieron carta blanca para investigar en la dirección que deseara, poniendo a su disposición las instalaciones y los medios de la propia compañía.

Su logro más significativo de esta época fue el “redescubrimiento” de la MDMA (3-metoxy-4,5-metilenedioxiamfetamina), también conocida como éxtasis, una sustancia que había sido patentada a principios del siglo XX pero que había pasado inadvertida hasta que Shulgin descubrió que en dosis mayores de 81mg producía efectos empatogénicos.

Por esas fechas, la MDMA únicamente había sido utilizada en humanos, en secreto y en condiciones que violaban el “código de Nuremberg” de 1946, por la CIA en la búsqueda de un posible suero de la verdad. Shulgin, sin embargo, descubrió que la MDMA producía alteraciones emocionales que podrían ser útiles en psicoterapia y por ello, invitó a colegas suyos a probar la susodicha sustancia. Uno de ellos, Leo Zeff, tras una de estas sesiones, se convertiría en pionero en el uso de la MDMA en psicoterapia, proclamando que una sesión de seis horas bajo los efectos de la misma producía los mismos beneficios que todo un año de psicoterapia.

Para disgusto de Alexander Shulgin y a pesar de la cautela que supieron mantener tanto él como el, hasta entonces, reducido grupo de psiquiatras y usuarios de la MDMA durante una veintena de años, el uso recreativo de la MDMA acabó apareciendo a mediados de los ochenta, lo que le llevaría a figurar en los medios de comunicación como el creador de esta sustancia “de abuso”. En 1985, la DEA incluyó la MDMA en la lista I de sustancias controladas, lo que la clasificaba como un fármaco ilegal sin interés médico ni científico alguno.

 

Alexander Shulgin en una de las ediciones del festival Burning Man

Alexander y Ann Shulgin en una de las ediciones del festival “Burning Man”

 

Junto a su esposa, Ann, Alexander Shulgin ha contribuido al avance de la química psicofarmacológica como pocos individuos lo han hecho, con un impacto únicamente comparable al de Albert Hofmann  y quizás también, al del Dr. David E. Nichols.

Su método de trabajo es, sin embargo, bastante peculiar; primero, Sasha sintetiza la sustancia de interés y a continuación, en un ambiente controlado, tanto él como su esposa se encargan de cuantificar cuál es la dosis activa mínima probándola ellos mismos, finalmente, el matrimonio realiza una prueba en compañía de un grupo de una decena de amigos para acabar de determinar las propiedades de la sustancia y, tal como el psiconauta de la novela “Heliópolis” de Ernst Jünger guardaba con cautela cada detalle de sus viajes interiores en su particular diario de a bordo, Ann y Sasha se encargan de dejar un registro por escrito de la síntesis y de los efectos de cada una de las sustancias que experimentan.

Fruto de estas experiencias han surgido dos libros que ocupan un lugar privilegiado en las estanterías de todo buen aficionado a la química psiquedélica, PiHKAL y TiHKAL (acrónimos que se traducirían como “feniletilaminas, y triptaminas, que he conocido y amado”, respectivamente), dos libros que describen los efectos de algunas de las sustancias que Ann y Sasha se han encargado de probar a lo largo de toda una vida (DOM, DOC, 2C-I, 2C-B…).

El detalle con el que están descritas la síntesis de estas sustancias ha favorecido que muchas de ellas hayan alcanzado el mercado negro, a veces como lo que son, otras veces como adulterantes o imitadores de otras drogas más comunes, provocando de vez en cuando algún que otro accidente debido a sobredosificaciones o a malos viajes.

 

Ann y Sasha Shulgin

En el año 2010, tras recuperarse de un infarto cerebral, Alexander Shulgin comenzó a mostrar síntomas de demencia y Ann tuvo que comenzar una campaña para recaudar donativos en un intento de cubrir el coste de las facturas médicas del tratamiento de su marido.

Desde aquí y con todo el cariño y la admiración del mundo, les deseamos lo mejor.

Para todo aquel que quiera profundizar en la historia de este genial bioquímico, sugiero echar un vistazo al artículo que Juan Carlos Ruiz Franco le dedicó en Letras Psicoactivas y del cual he tomado gran parte de la información:

http://www.letras-psicoactivas.es/shulgin_biografia.htm

 

Y también merece la pena dedicarle una hora y media al documental “Dirty Pictures”, que trata, de una manera bastante amena, el estado actual de la investigación con entógenos y empatógenos con un énfasis en el papel de Alexander Shulgin como pionero en este ámbito.

Actualizaciones:

17 de Abril del 2014: Alexander Shulgin padece un cáncer de higado según un comunicado de Ann
http://www.shulginresearch.org/home/2014/04/17/health-update-for-sasha/

 Alexander Shulgin ha muerto a la edad de 88 años el 2 de Junio de 2014 según ha anunciado la cuenta de twitter de Erowid

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  1. […] Alexander Shulgin, el último gran psiconauta […]

  2. […] (Para el que no sepa de quien estamos hablando, ya publicamos en su día un artículo sobre Shulgin). […]

  3. […] intentar predecir cómo será el futuro. Y actuar sobre él. Estos planteamientos se cuestionaba Alexander Shulgin durante el simposio que celebraba el centenario de Albert Hofmann antes de contar una reveladora […]



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