¡Atención, atención! Aquí y ahora

Me resulta bastante ridículo celebrar un acontecimiento y darle relevancia histórica únicamente porque sea su aniversario. Y aún así, tengo que reconocer que si no fuera por el recordatorio por parte de la mayoría de los medios de los 50 años del asesinato de de Kennedy no me hubiera atrevido a retomar el proyecto de escribir un artículo sobre Aldous Huxley.

Analizar la personalidad y el legado de Huxley daría para muchas páginas y es una gran responsabilidad y un reto el intentar hacer justicia a este autor inglés sin haber leído toda su extensa bibliografía ni consultado todos los trabajos que tratan sobre su persona y su obra. Pero me temo que no dispongo del tiempo suficiente ni de los conocimientos necesarios para realizar un análisis en tal profundidad, por lo que quiero disculparme de antemano por la simplicidad de la propuesta que puedo ofrecer. Dicho esto, comienzo.

 

Aldous Huxley fotografiado por Cecil Beaton en 1936

Aldous Huxley fotografiado por Cecil Beaton en 1936

 

El asesinato de Kennedy y la muerte de Huxley, dos eventos en principio sin relación alguna, guardan un vínculo meramente testimonial, ambos tuvieron la desdicha de ocurrir en la misma fecha. Y ya que estos días los medios se cubrirán de rememoraciones y alabanzas hacia la persona de John F. Kennedy, no me parecía justo que se obviara de nuevo el impacto y la relevancia de la obra de Aldous Huxley por haber tenido la desgracia de morir el mismo día que el carismático líder norteamericano.

El 22 de Noviembre de 1963, mientras todas las emisoras de radio cubrían el asesinato del entonces presidente de los Estados Unidos, Aldous Huxley yacía en su cama junto a su segunda esposa, Laura Huxley, agonizando debido al cáncer de laringe que le había sido diagnosticado en 1960 y que acabó consumiéndolo tres años más tarde. Su última voluntad fue escrita (el avanzado estado del tumor le impedía hablar) por su temblorosa mano en un pedazo de papel, 100 µg de LSD inyectados de forma intramuscular. Pasado un tiempo, Laura le preguntó si aprobaba que le suministrara una nueva dosis, ante lo cual éste asintió. Según cuenta ella misma, durante este segundo trance psicodélico, la vida de Huxley se extinguió de forma tranquila, “como la música que va disminuyendo, poco a poco, hasta desaparecer”.

 

Laura y Aldous Huxley

Laura y Aldous Huxley

Para todos aquellos que desconozcan de quién estoy hablando (que espero que sean minoría). Aldous Huxley fue un escritor británico que emigró a los EEUU  tras el auge del partido fascista en Italia, donde residía debido a los efectos beneficiosos que el clima mediterráneo provocaba sobre su frágil salud. Miembro de una reconocida familia de intelectuales (su abuelo, Thomas Henry Huxley, fue uno de los defensores más fervientes de la teoría de la evolución de Darwin y su hermano, Andrew Huxley, fue Premio Nobel de Medicina en 1963), es conocido principalmente por sus novelas y ensayos, pero también fue autor de poesías, relatos cortos y libros de viajes. Escritor siempre crítico con los roles sociales y las normas de su época, es considerado como uno de los exponentes del pensamiento moderno.

Pero si algo caracterizaba a Aldous Huxley era su naturaleza curiosa y su asombrosa capacidad de predicción. Prueba de ello es la que puede ser la mejor novela distópica del siglo XX, Brave New World (“Un Mundo Feliz”, en castellano), un relato de ciencia ficción sobre un futuro en el que el positivismo incondicional y el avance tecnológico sin mesura ha terminado deshumanizando a la sociedad, reduciendo a los seres humanos a meros instrumentos de la maquinaria social y privándoles de toda libertad.

 

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En esencia, “Un Mundo Feliz” es una novela con un marcado carácter conservador. Huxley, para presentarnos esta sociedad, se infiltra en el relato en la forma de un “salvaje” que es descubierto por dicha sociedad, siendo posteriormente introducido a las extrañas costumbres de la misma. Una sociedad cuyos miembros nacen mediante ingeniería genética con unas características concretas para cumplir un rol predispuesto en una civilización tecnocrática de castas, una sociedad en la cual se repudia la monogamia y se banaliza el sexo ante su inutilidad como herramienta reproductiva, una sociedad que adora a Henry Ford como a un dios y que es controlada por medios de condicionamiento y el uso de una droga con efectos alucinógenos y sedantes llamada “soma”, una sustancia “con todas las ventajas del cristianismo y del alcohol, sin ninguno de sus efectos secundarios”.

En 1932, mientras preparaba Un Mundo Feliz, Huxley escribe un artículo en el que expresa la que era su postura en materia de drogas por esas fechas, una postura bastante progresista para la época, pero que acabaría cambiando con el paso de los años.

Todas las drogas existentes son traicioneras y dañinas (…) ¿Cuál es el remedio? “La prohibición”, gritan a coro todos los gobiernos contemporáneos. Pero los resultados de la Prohibición no son alentadores. Lo único que justificaría la Prohibición sería el éxito (de la reducción del consumo de drogas). Pero ésta no tiene éxito y, dada la naturaleza de las cosas, tampoco puede tenerlo. La forma de evitar que la gente beba demasiado alcohol, o que se haga adicta a la morfina o a la cocaína, consiste en suministrarle un sustituto eficaz pero sano de estos venenos deliciosos y necesarios (en el imperfecto mundo actual). El hombre que invente dicha sustancia contará entre los benefactores más insignes de la humanidad sufriente.

 

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El soma de “Un Mundo Feliz” no es más que una burla por parte Huxley, una alternativa falsa suministrada por el sistema para anular todo intento de insurrección, facilitando la sumisión política y evitando la disidencia ante el orden moral establecido.

Huxley vuelve a insistir en este mismo tema de la necesidad de encontrar un nuevo fármaco psicoactivo en 1949 en su ensayo “Se busca nuevo placer”. En este ensayo, Huxley clama por la búsqueda de

(…) una droga menos dañina y más eficaz que el alcohol o la cocaína, una sustancia que no provoque ningún efecto secundario indeseado tras su consumo y que aboliera nuestra soledad individual durante cinco o seis horas y que nos reconciliara con nuestros semejantes en una ardiente exaltación de afecto, entonces, a mi parecer, todos nuestros problemas serían resueltos milagrosamente y la tierra se convertiría en un paraíso.

 

Poco se imaginaba Huxley por esas fechas que, seis años más tarde, sería testigo del descubrimiento de esta piedra filosofal de la farmacología que con tanto ahínco deseaba.

Sus escritos también comienzan a verse cada vez más influenciados por ciertas ideas de marcado carácter místico, ideas procedentes, en su mayoría, de las religiones no-dualistas orientales a las que Huxley comienza a aproximarse. Huxley describe en sus ensayos al ser humano como “un anfibio auto-consciente y auto-centrado” que puede coexistir entre diferentes realidades, siendo la realidad suprema aquella en la que somos capaces de transcender nuestro ego y entrar a formar parte de la conciencia universal común a todos los seres humanos. Su escepticismo y crítica hacia las religiones organizadas también sigue creciendo, despreciando toda manifestación religiosa basada en la ritualidad y el simbolismo.

 

“Una vez que somos capaces de librarnos de los símbolos, somos capaces de experimentar la experiencia de la divina inmanencia de forma directa”.

Tomorrow and tomorrow and tomorrow and other essays (1956)

En 1945, publica “La filosofía Perenne”, un ensayo en el que expone su particular interpretación de la obra de varios místicos tanto de oriente como de occidente, asegurando que personalidades tan dispares como San Juan de la Cruz, Lao Tse o Buda Gautama comparten un mensaje común, la existencia de una divinidad inmanente dentro de nosotros que busca romper el dualismo y fundirnos con la realidad sustancial que impregna todas las cosas.

En 1950, Huxley, movido por su curiosidad ante los místico,  es auditado por el mismo Ron L. Hubbard. Sus comentarios al respecto de esta experiencia muestran su desilusión ante la inefectividad de los métodos de la cienciología en su persona, aunque no acaba de tacharlos de fraude.

“Hasta el día de hoy, he probado ser completamente resistente (a la Dianética), no hay manera de hacerme entrar en la “línea temporal” o hacer que mi subconciente genere engramas. Sin embargo, María (mi mujer) ha tenido cierto éxito contactando (¿?) y trabajando en sus engramas y ha entrado, de forma repetida, en estados prenatales a través de sus subconsciente. Ya sea por la dianética o por otra razón, ella se encuentra completamente libre de tensión”.

 

En 1953, Huxley vuelve a hacer referencia a las sustancias psicoactivas, pero esta vez, en contraste con sus comentarios previos, como vehículos de trascendencia mística. Aunque afirma que estas sustancias no permiten alcanzar el cielo de forma gratuita y advierte que el uso de estas drogas como medios para experimentar momentos de epifanía conlleva el pago de un alto precio.

Finalmente en 1953, Huxley tiene su primera experiencia con mescalina, la cual fue suministrada por el psiquiatra inglés Humphry Osmond. Esta experiencia fue plasmada en su libro, ”Las puertas de la percepción” y sus conclusiones al respecto darían forma al ensayo “Cielo e Infierno”. Un año más tarde, Huxley tiene su primera experiencia con LSD de la mano de Al Hubbard.

 

Gerald Heard, Aldous Huxley y Al Hubbard.

Gerald Heard, Aldous Huxley y Al Hubbard.

 

En los nueve años de vida que van desde su experiencia psicodélica a su muerte, Huxley se dedica a propagar las bondades de las drogas psicodélicas tanto para beneficio de la investigación científica como para la práctica de la mística y la parapsicología (era un creyente acérrimo de la telepatía, la levitación, el magnetismo animal y la sanación homeopática).

Huxley, con su habitual sentido analítico, supo prever con antelación cuales serían las medidas que los estamentos políticos tomarían en el caso de la difusión del uso de los alucinógenos, por lo que recomendó a Osmond “hacer el bien sigilosamente, evitando la publicidad”.

En un principio, Huxley representaba la tendencia opuesta a Leary y Ginsberg en cuanto a la difusión del uso de estas sustancias; mientras que éstos querían optar por democratizar su uso y utilizarlas para generar una revolución sexual y política, Huxley recomendaba ser cautos y limitar la cantidad de información que se filtraba al público para no generar animadversión debido a lo controvertido de los temas que se estaban tratando (religión, sexualidad y experiencias de muerte y resurrección del ego). Sin embargo, la avidez de Huxley por la notoriedad le lleva a involucrarse a partir de 1959 en una cruzada por promover el uso y la investigación en la materia, lo que, unido a su condición de personaje público, hizo que muchas universidades se interesasen por el tema, lo que también generó que el gran público se hiciese eco de las investigaciones que se estaban desarrollándo y desencadenó que la opinión pública acabara legislando sobre la academia en este asunto, culminando en la prohibición de toda investigación en los EEUU en el año 1966.

En un ensayo publicado en el Saturday Evening Post en 1958, Huxley, en la misma línea que siguió en “Un Mundo Feliz”, afirma que:

Los dictadores del mañana privarán a los hombres de su libertad, pero les suministrarán a cambio una felicidad que no será menos real, como experiencia subjetiva, por el hecho de haber sido inducida mediante recursos químicos. Desgraciadamente, quzás la conquista de la felicidad acabe siendo incompatible con otro de los derechos del hombre, el de la libertad.

 

Aunque Huxley realizaba una distinción entre las diferentes sustancias del catálogo farmacológico de entre las llamadas drogas y en el mismo artículo matiza:

Ahora aparecen sustancias que estimulan las facultades místicas sin ningún coste fisiológico, o con un coste reducido, y muchas de ellas no tardarán en salir al mercado. Podemos sentirnos muy seguros de que cuando estén disponibles, la gente las usará en gran escala (…) Las experiencias místicas y premísticas dejarán de ser raras y se tornarán comunes. Lo que otrora fue privilegio espiritual de unos pocos estará al alcance de muchos. Y eso planteará problemas sin precedentes a los ministros de las religiones organizadas del mundo. (…) No es probable que una religión de meros símbolos sea muy satisfactoria para hombres y mujeres que han experimentado directamente la auto-trascendencia. La lectura de una página del libro de cocina mejor escrito no basta para sustituir la ingestión de comida.

 

Los últimos años de la vida de Huxley transcurren entre el progresivo deterioro de su salud y un aumento de su actividad con un tono cada vez más radical en cuanto a los psiquedélicos y a las experiencias místicas. Conoce a Hofmann, finalmente, en 1961 y más tarde vuelve a reunirse con él en 1963 (en esta segunda ocasión, Huxley le regaló un ejemplar de “La Isla” con una dedicatoria que rezaba, “Para el Dr. Albert Hofmann, el descubridor originario de la medicina moksha”), incrementa su correspondencia con Leary y entra en contacto con J. Lilly, por cuyos trabajos en el campo de la psicología y la privación sensorial mostraba interés debido a su potencial para producir experiencias místicas y de alteración de consciencia.

Durante esta última etapa termina de perfilar la que será su obra cumbre, su testamento filosófico e ideológico, “La Isla”. En esta novela, Huxley vuelve al género de la ciencia ficción que le generó tantas alabanzas con anterioridad, pero esta vez en la forma de una utopía en la que se condensan muchas de las ideas que había desarrollado a lo largo de su vida en incontables ensayos. Esta especie de manual para una sociedad equilibrada, desde su punto de vista, nos pone en la piel del periodista Will Farnaby, el cual irá descubriendo de forma paulatina la isla de Pala, donde tecnología y misticismo, ciencia y religión (monista y no-dualista, por supuesto), amor libre y matrimonio, se dan la mano.

En “La Isla”, los elementos que eran utilizados para arrebatar la libertad a los ciudadanos de “Un Mundo Feliz” se transforman en herramientas que trabajan para proporcionar conciencia y libertad tanto a nivel social y espiritual. El soma de “Un Mundo Feliz”, utilizado para embrutecer y aletargar las conciencias es sustituido por la medicina Moksha (un hongo alucinógeno), la cual produce un aumento de la consciencia y la empatía hacia los demás, el sexo libertino y banal se convierte en poliamor con toques espirituales como medio de expresión del amor al prójimo, la especialización embrutecedora da paso a una sociedad basada en la multidisciplinaridad y la cooperación, en una economía a medio camino entre agraria e industrial, los altavoces que en “Un Mundo Feliz” repetían mensajes subliminales se transforman en estorninos que repiten mantras espirituales y consignas para mantener a quien los escucha centrados en el presente y con la conciencia abierta a nuevas ideas…

“Atención, atención” – repiten los estorninos tanto desde el comienzo hasta el mismo final del libro, “Aquí y ahora” Aquí y ahora”- buscando devolver la atención de quien los oye al presente (Huxley comenta en sus ensayos su interés por esta idea derivada en parte de algunos conceptos orientales de meditación y autotrascendencia y en parte basados en la idea de buscar centrar al individuo en el presente para evitar tensiones innecesarias tal como postulaba el método de Alexander, del que Huxley era un gran entusiasta).

Su marca como impulsor de la investigación de los beneficios de los alucinógenos, su constante sentido crítico ante el progreso sin mesura y su contribución cultural como estudioso y promotor de las religiones orientales tuvo un efecto innegable en destacados grupos de la época, destacando a Timothy Leary y los integrantes del grupo de Millbrook. Desgraciadamente, Huxley no vivió lo suficiente como para presenciar el cambio de conciencia que estaba por llegar en el mundo occidental a finales de los años 60 y siempre nos quedará la duda de saber que habría pensado al ver como algunas de las ideas que se encargó de propagar en sus obras comenzaron a calar en la sociedad o de cómo surgieron movimientos culturales y sociales que buscaban romper con la norma y la tradición y buscar un camino hacia una sociedad más justa, tal como él había promovido a lo largo de su vida.

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